Año 2059.

Una casa con chimenea y llena de libros. Una anciana con el pelo blanco se calienta las manos con una taza de té humeante. 

Está pensando en los sitios a los que ha ido, las personas que ha conocido, los objetivos que ha cumplido.

Sonríe, mientras dos palabras vienen a su mente: “¡Menudo viaje!”.

Esa viejecita canosa soy yo. Al menos, esa es la idea.

Las canas ya las tengo, aunque me empeñe en taparlas. Los libros, también. 

La casa con chimenea, todavía no. Y los recuerdos y experiencias, estoy en ello. 

Lo importante aquí es lo que esconden esas dos palabras: una filosofía de vida, la de vivir de verdad, sin malgastar el escaso tiempo que tenemos

Joder, se nos olvida constantemente y por eso me lo recuerdo cada día, aunque tenga momentos en los que el carpe diem me toca las narices. Aunque la haya cagado muchas veces emprendiendo (esto es lo primero que te cuento cuando te suscribes a mi lista).

Pero siempre se me pasa la ofuscación y vuelvo a pensar en esas dos palabras… “¡Menudo viaje!”. 

Las leí en un texto de un tal Hunter S. Thompson que me flipó (te lo dejo más abajo) y que se resume en un «estamos de prestao». Así que no perdamos el tiempo haciendo lo que no nos gusta o, por lo menos, que eso no ocupe la mayor parte de tu vida. 

Podría dedicarme solo al copy, pero no me haría 100% feliz, porque me gustan muchas otras cosas. Soy curiosa con avaricia y nunca dejé atrás la fase de preguntar el porqué de todo.

Me encanta comer, viajar, bailar, reír y beberme una cerveza bien fría.

Escuchar buena música, ir de conciertos, al cine o al teatro. Dame cultura y dime tonta.

Me gusta ver paisajes nuevos y sentarme en un bar medio lleno para tener una buena conversación.

Y, sobre todo, me encanta escuchar a personas inteligentes, aprender de ellas y compartir todo eso contigo. 

Es lo que hago en mi blog y en mi newsletter: hablarte de ventas y de vida, de crecimiento personal y profesional. Mientras decides si quieres acompañarme, te dejo con el texto por si te inspira… 

La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Menudo viaje!
Hunter S. Thompson


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